A muchos de nuestros antecesores, la vida les condujo a vivir la triste época de la Guerra Civil. Por su protección, eran aislados muy a menudo a cortijos alojados en otros pueblos, como a Guadajoz. Las bestias les ayudaban a mantenerse vivo. Como ejemplo de lo anterior tenemos a las cabras, de donde sacaban, sobre todo para vender, quesos; de la vaca, leche; sacaban provecho a la carne cocinada de perros y gatos... Por la supervivencia, se valían de todo para fabricar lo que necesitaban: el pan era fabricado de maíz.
El padre de familia se despedía de ésta debido a la guerra, cuestión que nadie se hacía, ya que todos los cabezas de familia tenían que asistir a la misma. Allí en la guerra se jugaban la vida, sin saber si quiera si iban o no a volver.
Pocas personas eran las cultas en aquellos entonces, debido a la pobreza surgida en anteriores tiempos, aunque también debido a que, debido a la guerra, se hacía casi imposible poder enseñar. Eso explica el analfabetismo hayado en la mayor parte de Tocina, no queriendo decir que ésta fuese analfabeta.
Del tema anterior me resulta curiosa una historia en la que el protagonista es el padre de mi tía-abuela Isabel, que dice así:
''Un señor tan culto como el que más, de los que pocos se conservan hoy en día, vivía en Tocina. Era tan listo que los estudiantes universitarios eran preguntas para él. Éstos obtenían sus fantásticas y casi únicas respuestas con las cuales intentarían ganarse la vida. Leía mucho; incluso se ponía a leer el diccionario de la RAE, cosa que le gustaba ya que así aprendería los significados de las palabras.
Un día vinieron a su casa dos soldados, pertenecientes a la Guerra Civil, los cuales se llevaron al padre de mi tía-abuela arrestado. Al igual que a muchos inocentes, la gran mayoría analfabetos, se lo llevaron a una estancia de dos años en la cárcel de Granada, a la espera del juicio en el que a él y a los demás presos inocentes de guerra le condenarían a muerte.
Cuando llegó el juicio, este hombre, cuyo nombre no se me permite anunciarlo públicamente, fue sentado donde siempre se sitúa al acusado y a sus abogados. Este hombre no quiso la ayuda judicial de ningún abogado, ya que él mismo se valía para su defensa personal debido a su sabiduría. Lo sentaron en la silla de acusados y el fiscal le dio un impreso en el cual ponía las peores cosas que una persona podía hacer, todo ello para condenarlo a muerte. Le pidieron que firmara pero, mientras lo hacían, este hombre estuvo leyendo lo que ponía el papel. Hay que decir que se esperaba que los condenados a muerte era de esperar que fueran analfabetos. Cuando le dijo el fiscal a éste que firmara le respondió al fiscal:
- ¿Usted firmaría algo donde pone hechos que nunca han sido efectuados por usted?
- No.- Respondió el fiscal.
- Pues eso mismo me pasa a mí.
Eso es lo que hizo que la condena a muerte fuera en vano, ya que no murió y volvió a su casa''.
La policía estaba siempre y en todo momento y lugar protegiendo al pueblo de Tocina y de Los Rosales. Su forma para la defensa y ataque se basaba en circular por túneles subterráneos que tenían sus salidas y entrantes por los pozos del pueblo de Tocina.
Aunque duro que sonase, debido a la ausencia del cabeza de familia, niños y niñas tenían que trabajar para ganar algo con lo que poder alimentar a la familia.
De tanta pobreza, había incluso personas (niños) que si se encontraban una cabeza de una sardina, por ejemplo, en la calle, se la comían.
Los constituyentes a esta época no tenemos ni idea de todo lo que pasaron allá entonces, lo cual hace que, si tenemos un poquito de sentido común, podamos reflexionar y aprovechar lo que tenemos hoy en día.
Personas, como mi abuela, no pudieron ir a la escuela, pero sólo del hecho de ver a sus hijos como estudiaban, ha podido aprender lo básico, cosa que hoy refuerza con las clases para las personas de la tercera edad.
Hoy no tenemos la obligación que antes tenían de ir a la mili; ni tampoco la obligación (o la única opción) de viajar para trabajar al extranjero, estando lejos de tu familia mucho tiempo. En esto hay personas que ahora verdaderamente no pueden aprovechar nada ya que están en un mundo de pobreza y malestar.
Por: Manuel García Arroyo
(Este trabajo ha participado en el concurso Recuerdos de Nuestro Pueblo organizado por Guadalinfo Tocina en colaboración con el Instituto Ramón y Cajal)
El padre de familia se despedía de ésta debido a la guerra, cuestión que nadie se hacía, ya que todos los cabezas de familia tenían que asistir a la misma. Allí en la guerra se jugaban la vida, sin saber si quiera si iban o no a volver.
Pocas personas eran las cultas en aquellos entonces, debido a la pobreza surgida en anteriores tiempos, aunque también debido a que, debido a la guerra, se hacía casi imposible poder enseñar. Eso explica el analfabetismo hayado en la mayor parte de Tocina, no queriendo decir que ésta fuese analfabeta.
Del tema anterior me resulta curiosa una historia en la que el protagonista es el padre de mi tía-abuela Isabel, que dice así:
''Un señor tan culto como el que más, de los que pocos se conservan hoy en día, vivía en Tocina. Era tan listo que los estudiantes universitarios eran preguntas para él. Éstos obtenían sus fantásticas y casi únicas respuestas con las cuales intentarían ganarse la vida. Leía mucho; incluso se ponía a leer el diccionario de la RAE, cosa que le gustaba ya que así aprendería los significados de las palabras.
Un día vinieron a su casa dos soldados, pertenecientes a la Guerra Civil, los cuales se llevaron al padre de mi tía-abuela arrestado. Al igual que a muchos inocentes, la gran mayoría analfabetos, se lo llevaron a una estancia de dos años en la cárcel de Granada, a la espera del juicio en el que a él y a los demás presos inocentes de guerra le condenarían a muerte.
Cuando llegó el juicio, este hombre, cuyo nombre no se me permite anunciarlo públicamente, fue sentado donde siempre se sitúa al acusado y a sus abogados. Este hombre no quiso la ayuda judicial de ningún abogado, ya que él mismo se valía para su defensa personal debido a su sabiduría. Lo sentaron en la silla de acusados y el fiscal le dio un impreso en el cual ponía las peores cosas que una persona podía hacer, todo ello para condenarlo a muerte. Le pidieron que firmara pero, mientras lo hacían, este hombre estuvo leyendo lo que ponía el papel. Hay que decir que se esperaba que los condenados a muerte era de esperar que fueran analfabetos. Cuando le dijo el fiscal a éste que firmara le respondió al fiscal:
- ¿Usted firmaría algo donde pone hechos que nunca han sido efectuados por usted?
- No.- Respondió el fiscal.
- Pues eso mismo me pasa a mí.
Eso es lo que hizo que la condena a muerte fuera en vano, ya que no murió y volvió a su casa''.
La policía estaba siempre y en todo momento y lugar protegiendo al pueblo de Tocina y de Los Rosales. Su forma para la defensa y ataque se basaba en circular por túneles subterráneos que tenían sus salidas y entrantes por los pozos del pueblo de Tocina.
Aunque duro que sonase, debido a la ausencia del cabeza de familia, niños y niñas tenían que trabajar para ganar algo con lo que poder alimentar a la familia.
De tanta pobreza, había incluso personas (niños) que si se encontraban una cabeza de una sardina, por ejemplo, en la calle, se la comían.
Los constituyentes a esta época no tenemos ni idea de todo lo que pasaron allá entonces, lo cual hace que, si tenemos un poquito de sentido común, podamos reflexionar y aprovechar lo que tenemos hoy en día.
Personas, como mi abuela, no pudieron ir a la escuela, pero sólo del hecho de ver a sus hijos como estudiaban, ha podido aprender lo básico, cosa que hoy refuerza con las clases para las personas de la tercera edad.
Hoy no tenemos la obligación que antes tenían de ir a la mili; ni tampoco la obligación (o la única opción) de viajar para trabajar al extranjero, estando lejos de tu familia mucho tiempo. En esto hay personas que ahora verdaderamente no pueden aprovechar nada ya que están en un mundo de pobreza y malestar.
Por: Manuel García Arroyo
(Este trabajo ha participado en el concurso Recuerdos de Nuestro Pueblo organizado por Guadalinfo Tocina en colaboración con el Instituto Ramón y Cajal)


