La vida desde que es vida es un continuo cambio, cambian los trabajos,los medios,las casas,las calles etc....lo que no ha cambiado nunca son las personas: las hay humildes ,pobres,ricas, buenas, simpáticas, sosas,agradables y así será siempre.
Nosotros nos iremos y otros vendrán con las mismas cualidades de los que nos hemos ido. Recuerdo mi primera comunión un día muy feliz para todo niño,que tal vez, alguna persona mayor pudo enturbiar sin darse cuenta (espero que sea sin querer). Aquel año había que ir vestidas de monjas pero el problema era ,como no ,en una casa pobre el dinero para el traje. No había quien lo prestara, por ser el primer año que se hacía así (de monja). Mi caso era que mi padre estaba en cama y lo poco que ganaba mi madre no daba para mucho debido a que en aquellos días no había seguro médico y todo era a pago hasta las medicinas. Llego a oídos de mi madre que aquella niña o niño que no llevase traje de comunión no tomaría la comunión con el resto de niños, la tomaría con las personas mayores, como uno más, ¡que poca humanidad si esas palabras salian de la boca de un sacerdote!, ¡que ultraje para la inocencia de un niño que aun no sabe discernir entre los valores de lo material! Se armó gran revuelo entre las madres por la “ideita” de ir de monja,todas no tenían posibilidad del susodicho traje. Lo cierto que los días pasaban y yo no me podía hacer con el mio pero como siempre hay buena gente, una antigua vecina y amiga de mi madre le comentó a un hijo suyo que vivía en Villanueva del Río y Minas y pertenecía a Caritas de allí que Caritas de Tocina me había negado la tela para la realización de dicho traje, esa persona no daba crédito sabiendo las carencias que teníamos en mi casa, así que él se encargó que desde Las Minas se pudiera ofrecer el trozo de tela para que mi madre me hiciera el traje.
Cuando Caritas de Tocina se enteró me querían regalar ellos la tela, lo cierto que al final tuve dos trajes de comunión. Hubo niñas que no se hicieron con el traje y no se sentaron con el resto de niños (como se aprecia en la foto) estaban de pie con el resto de personas y tomaron la comunión con los mayores; eso sí, fueron los primeros en tomar la comunión. Luego el cura nos dio un chocolate en lo alto de la plaza de abastos. Las catequistas le pidieron a don Carmelo, que era el cura en aquellos días, que las niñas sin traje tomasen chocolate y así fue, en algo hubo humanidad. Yo aún lo recuerdo como unos de los mejores días de mi infancia. En los años posteriores se volvió al traje de comunión tradicional. Tocina 1963.